La derecha brasileña salió fortalecida de la primera vuelta de las elecciones generales después de imponerse en la disputa presidencial, ampliar su representación en el Congreso y conquistar la mayoría de los gobiernos estatales definidos sin necesidad de balotaje. Flávio Bolsonaro (centro-derecha) obtuvo 47,04% de los votos válidos y superó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva (izquierda), que alcanzó 45,15%. La diferencia fue superior a dos millones de votos: Bolsonaro recibió alrededor de 56,1 millones frente a 53,8 millones del mandatario, resultado que lo coloca al frente de la disputa que se resolverá el 25 de octubre.
El avance no quedó limitado a la Presidencia. El Partido Liberal, principal fuerza del bolsonarismo, amplió su presencia y se convirtió en la mayor bancada tanto de la Cámara de Diputados como del Senado. Reuters proyecta 121 diputados federales para el PL, frente a 98 en la legislatura anterior, y 28 senadores, casi el doble de los 15 que tenía previamente. Sumadas las fuerzas de derecha y centroderecha aliadas, el bloque se aproxima a la mayoría de la Cámara y amplía considerablemente su capacidad para condicionar la agenda legislativa del próximo gobierno.
La misma tendencia apareció en los estados. La mayoría de los gobernadores definidos en primera vuelta pertenece a la derecha o al centroderecha, con victorias relevantes en São Paulo, Paraná, Santa Catarina, Rio Grande do Sul, Mato Grosso, Mato Grosso do Sul y otras regiones. Tarcísio de Freitas fue reelegido en São Paulo, el mayor colegio electoral del país, mientras el PL conquistó gobiernos estratégicos y consolidó una estructura territorial favorable a Flávio para la segunda vuelta. El resultado deja a Lula frente a un escenario más adverso que el anticipado por buena parte de las encuestas: deberá intentar revertir una derrota nacional de más de dos millones de votos frente a una derecha que llega fortalecida simultáneamente en la Presidencia, los estados y el Congreso.