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Reportaje

Venezolanos vuelven a figurar entre víctimas de esclavitud moderna en Brasil

Cinco migrantes venezolanos fueron encontrados trabajando y viviendo en una carbonería precaria de Roraima durante una operación nacional que rescató a 479 personas, un nuevo episodio de un problema que afecta a trabajadores llegados desde Venezuela desde al menos 2017

Foto: Amnistía Internacional Archivo

Cinco venezolanos fueron rescatados de condiciones análogas a la esclavitud mientras trabajaban en una carbonería del Distrito Industrial de Boa Vista, capital de Roraima, estado brasileño fronterizo con Venezuela. Los trabajadores producían carbón y residían dentro del mismo lugar en estructuras improvisadas, expuestos al polvo y otras condiciones consideradas degradantes por los inspectores, según reveló un reporte de UOL basado en la fiscalización realizada durante la Operación Rescate VI.

El caso formó parte de una operación mucho mayor realizada durante agosto en todo Brasil. El Ministerio de Trabajo y Empleo informó que 479 personas fueron liberadas de condiciones análogas a la esclavitud después de 231 fiscalizaciones. Entre las víctimas había 66 migrantes procedentes de Venezuela y otros siete países, además de 75 mujeres y 13 niños y adolescentes. El balance oficial no desglosa cuántos venezolanos integraban el grupo nacional, por lo que los cinco localizados en la carbonería de Roraima constituyen el número específicamente identificado hasta ahora en la cobertura del operativo.

Vulnerabilidad documentada desde hace casi una década

La presencia de venezolanos entre las víctimas de explotación laboral extrema en Brasil no comenzó con el operativo de 2026. El primer rescate documentado de un trabajador venezolano en condiciones de esclavitud contemporánea ocurrió en 2017 y, hasta 2023, otros 70 habían sido liberados, según datos del proyecto Perfil Resgatado recopilados por Repórter Brasil. Venezuela aparecía además como el cuarto país de origen entre los migrantes extranjeros rescatados de estas condiciones en territorio brasileño.

Los registros muestran también un perfil que desafía la idea de que la explotación afecta únicamente a trabajadores sin educación. Entre los venezolanos identificados hasta entonces, 80% eran hombres, más de 70% tenían entre 30 y 49 años y alrededor de 40% habían concluido la educación secundaria. Los rescates se concentraron principalmente en São Paulo y Roraima, aunque se han documentado casos en otras regiones del país.

La dimensión de la migración venezolana convierte la inserción laboral en un desafío considerable. Datos de la Policía Federal brasileña indican que alrededor de 1,4 millones de venezolanos ingresaron a Brasil entre 2018 y diciembre de 2025 y que aproximadamente 743.000 permanecían en el país al terminar ese período. Paralelamente, la Operación Acolhida ha trasladado voluntariamente a más de 150.000 venezolanos desde Roraima hacia más de 1.100 municipios para favorecer su integración social y económica.

La magnitud del flujo migratorio no significa por sí misma que los venezolanos estén destinados a sufrir explotación. Sin embargo, la propia Inspección del Trabajo brasileña lleva años advirtiendo que la vulnerabilidad económica y social de quienes llegan al país puede ser aprovechada por empleadores que incumplen las normas laborales, particularmente cuando el migrante necesita ingresos con urgencia, desconoce sus derechos o depende del empleador para vivienda, transporte o alimentación.

Promesas de empleo que terminan convertidas en deuda

Uno de los mecanismos documentados consiste en reclutar trabajadores mediante ofertas aparentemente favorables y convertir posteriormente los gastos de traslado o alojamiento en una deuda con el empleador. En 2024, seis venezolanos fueron rescatados de una churrasquería en Itapetininga, interior de São Paulo, después de trabajar jornadas de 12 horas y descansar apenas un día cada 15. Habían sido trasladados desde Venezuela y posteriormente se les descontaban al menos 500 reales mensuales del salario para pagar una deuda impuesta por los costos del viaje. El Ministerio Público del Trabajo consideró que existía servidumbre por deuda y remitió el caso a la Policía Federal para investigar posibles delitos de trabajo esclavo y tráfico de personas.

Otro caso registrado en 2025 involucró a dos venezolanos contratados para realizar trabajos de herrería en las obras de una escuela pública en Rondônia. Según el Ministerio Público del Trabajo, recibieron promesas de salario, pagos quincenales y períodos de descanso para visitar a sus familias que posteriormente no fueron cumplidas. La fiscalía laboral describió las falsas ofertas de empleo y salario como un patrón recurrente utilizado para atraer a poblaciones vulnerables antes de someterlas a alojamiento degradante, retención de pagos o deudas fraudulentas.

Esclavitud moderna no exige que el trabajador esté físicamente encerrado

La legislación brasileña utiliza la expresión trabajo en condición análoga a la esclavitud para situaciones que pueden resultar menos evidentes que la privación física de libertad. El artículo 149 del Código Penal establece que el delito puede configurarse por trabajo forzado, jornadas exhaustivas, condiciones degradantes o restricciones a la movilidad relacionadas con deudas. También contempla mecanismos destinados a retener al trabajador, como impedirle utilizar transporte, mantener vigilancia o apoderarse de sus documentos. Basta que se configure alguna de estas condiciones según los parámetros legales; no es necesario que todas aparezcan simultáneamente.

Después de los rescates realizados durante agosto, los empleadores fueron obligados a interrumpir las situaciones irregulares, formalizar retroactivamente relaciones laborales y pagar más de 1,4 millones de reales en salarios y prestaciones pendientes. El Ministerio Público del Trabajo impulsó además acuerdos y acciones judiciales para responsabilizar a empleadores, mientras las víctimas obtuvieron acceso a un seguro especial equivalente a seis pagos de un salario mínimo.

Los casos documentados desde Roraima hasta São Paulo y Rondônia muestran que el problema no está limitado a la frontera por donde ingresó buena parte de la diáspora venezolana. Brasil dispone de una estructura de recepción e interiorización que ha permitido a decenas de miles de venezolanos incorporarse a comunidades y mercados laborales en todo el país, pero los sucesivos rescates evidencian que la integración económica también requiere mecanismos capaces de impedir que la necesidad de trabajar se convierta en una oportunidad para empleadores que explotan la vulnerabilidad de los recién llegados.