Partidos y dirigentes vinculados durante años a diferentes coaliciones de la oposición tradicional anunciaron la creación de Alianza por Venezuela (AVE), una nueva plataforma que exige elecciones presidenciales y parlamentarias, un nuevo Consejo Nacional Electoral y el levantamiento de las inhabilitaciones políticas. El bloque está integrado por Bandera Roja, Centrados en la Gente, Concertación Ciudadana, Generación Independiente, Independientes por Venezuela, Izquierda Unida, Vanguardia Popular y Venezuela Democrática Unida, y ratificó además su respaldo político a María Corina Machado (centro-izquierda) y Edmundo González Urrutia (centro-izquierda). Su vocero, Noel Álvarez, aseguró que la organización busca consolidar un bloque unitario y establecer una nueva ruta electoral frente al chavismo que permanece en el poder bajo Delcy Rodríguez (izquierda).
La presentación como una nueva alternativa contrasta con la trayectoria de varios de sus integrantes. Bandera Roja y Vanguardia Popular participaron en estructuras opositoras anteriores, mientras Vente Venezuela también formó parte de la Mesa de la Unidad Democrática. El caso de Bandera Roja resulta particularmente llamativo: se trata de una organización fundada en 1970 con orientación marxista-leninista, de origen guerrillero y tradicionalmente identificada con el comunismo, que ahora respalda una opción electoral encabezada por Machado para competir contra un movimiento que también se reivindica socialista. La paradoja, sin embargo, no es completamente nueva: Bandera Roja rompió con el chavismo hace años y ya respaldó candidaturas presidenciales de la oposición unitaria, incluidas las de Manuel Rosales y Henrique Capriles.
AVE plantea como prioridades la convocatoria de elecciones «libres, justas y verificables», la renovación del CNE, la incorporación de millones de venezolanos en el exterior al Registro Electoral, el cese de las inhabilitaciones y la liberación de presos políticos. La nueva alianza refleja así una dinámica recurrente de la política venezolana: dirigentes y organizaciones con trayectorias ideológicas muy distintas vuelven a reagruparse bajo una nueva denominación con el objetivo común de disputar el poder al chavismo, hoy encabezado por Rodríguez, incluso cuando algunos de esos partidos proceden históricamente de la izquierda revolucionaria que décadas atrás defendía postulados más radicales que los del propio movimiento chavista.