El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (derecha), dejó abierta la posibilidad de reunirse personalmente con la líder interina del chavismo, Delcy Rodríguez (izquierda), durante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. La posibilidad cobra fuerza después de que Bloomberg informara que Rodríguez prepara un viaje para participar en reuniones de alto nivel del organismo internacional. Un encuentro con Trump representaría el mayor acercamiento público entre ambos desde que fuerzas estadounidenses capturaron al exdictador Nicolás Maduro (izquierda) en enero y Washington decidió mantener parte de la estructura chavista bajo el nuevo interinato.
La aproximación supone un profundo cambio respecto al trato que recibió Rodríguez durante el gobierno de Maduro. El Departamento del Tesoro la sancionó en 2018 como integrante del círculo interno del entonces gobernante y sostuvo expresamente que había recibido altos cargos para ayudarlo a conservar el poder y consolidar su gobierno autoritario. Tras la captura de Maduro, la Casa Blanca optó por trabajar con Rodríguez, reconoció su autoridad interina y el 1 de abril eliminó las sanciones personales que pesaban sobre ella. La medida no constituyó un perdón judicial, pero sí una rehabilitación política de facto que permitió que una de las principales figuras del antiguo régimen pasara de estar sancionada por Washington a convertirse en interlocutora reconocida de Estados Unidos.
Ese perdón político resulta especialmente controvertido por la responsabilidad institucional que Rodríguez acumuló durante los años de Maduro. Fue canciller, presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente y vicepresidenta mientras organismos internacionales documentaban detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones, ejecuciones y persecución sistemática contra opositores. Incluso legisladores estadounidenses cuestionaron este año el levantamiento de sus sanciones, recordando que ejerció autoridad jerárquica sobre el Sebin, organismo señalado por la misión de Naciones Unidas por hechos considerados crímenes de lesa humanidad. La inexistencia de una condena contra Rodríguez dentro de Venezuela no elimina esa responsabilidad política en un país donde la falta de independencia judicial ha impedido establecer plenamente las cadenas de responsabilidad del régimen. Una eventual reunión con Trump mostraría hasta dónde llegó el giro de Washington: de sancionarla por ayudar a sostener el poder autoritario de Maduro a aceptarla como posible interlocutora directa del presidente estadounidense.