El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (derecha), profundizó su acercamiento con China después de recibir esta semana al líder chino Xi Jinping en Washington y confirmar que ambos volverán a reunirse dos veces antes de que termine el año. Trump anunció un nuevo encuentro en noviembre en China y otro durante la cumbre del G20 prevista para diciembre en Miami, después de calificar como positiva la visita de Estado de Xi a Estados Unidos. La agenda bilateral sigue marcada por fuertes diferencias en comercio, inteligencia artificial, Taiwán e Irán, aunque Washington y Beijing han optado por mantener abiertos los canales de negociación y extender la estabilidad alcanzada tras meses de tensiones comerciales.
El contraste con Rusia es significativo. Moscú reconoce que, pese a los contactos entre funcionarios de ambos gobiernos, todavía no existen mecanismos efectivos de cooperación económica con Estados Unidos ni proyectos conjuntos relevantes. El Kremlin también ha señalado que las diferencias sobre Ucrania continúan bloqueando una normalización más amplia de las relaciones. Washington invitó al gobernante ruso Vladimir Putin a participar en el G20 de Miami, pero Moscú todavía no ha confirmado su asistencia y considera prematuro hablar de una nueva cumbre con Trump.
El acercamiento con China ocurre, por tanto, a un ritmo distinto. Xi ya realizó una visita de Estado a Washington y tiene otros dos encuentros previstos con Trump, mientras la relación con Rusia continúa limitada por la guerra en Ucrania, las sanciones y la falta de acuerdos sustantivos. Incluso desde Moscú se ha admitido que los contactos políticos avanzan con mayor rapidez que la cooperación concreta, lo que deja a Beijing mejor posicionado que Rusia en la actual agenda diplomática de la Casa Blanca.